En la mañana de El Megáfono dialogamos con el ex presidente del Codicen y senador Robert Silva, quien expuso la importancia de integrar la educación emocional de forma sistemática en el sistema educativo uruguayo, tanto en primaria como en secundaria, en centros públicos y privados.
Silva explicó que el concepto no es nuevo y que desde hace décadas se viene hablando de la inteligencia emocional, popularizada por autores como Daniel Goleman. Según detalló, se trata de desarrollar capacidades como el autocontrol, la autorregulación, la motivación, la empatía y las habilidades sociales, competencias que permiten a las personas conocerse a sí mismas y relacionarse mejor con los demás.
En ese sentido, señaló que la educación emocional es el conjunto de estrategias que facilitan la adquisición y el fortalecimiento de esas competencias. Recordó que, durante la transformación educativa, se estableció un marco curricular basado en “competencias para la vida”, donde se incluyeron dos ejes directamente vinculados a las emociones: la competencia intrapersonal y la competencia de relacionamiento con otros. A partir de allí, se impulsaron acciones en escuelas, liceos y UTU.
Silva vinculó directamente la educación emocional con problemáticas actuales como el bullying, el acoso escolar, los conflictos de convivencia y las dificultades de salud mental, que se agravaron tras la pandemia. “Muchas situaciones de intolerancia o falta de reconocimiento del otro se podrían prevenir si se trabajara desde edades tempranas el respeto, la identidad y la convivencia”, afirmó.
Consultado sobre cómo llevar estos conceptos al aula, subrayó que el primer paso indispensable es la formación docente. Indicó que está comprobado que la educación emocional mejora el bienestar de los estudiantes, pero también el de los propios docentes, quienes muchas veces enfrentan situaciones de sobresaturación emocional. Por eso, remarcó la necesidad de planes de formación sistemática que ayuden a los educadores a conocerse a sí mismos y a adquirir herramientas para abordar estas temáticas en clase.
En cuanto a la implementación, Silva aclaró que no es partidario de crear una materia específica de educación emocional, sino de trabajarla de forma transversal, a través de talleres, actividades interdisciplinarias y acciones dentro de las asignaturas existentes. Como ejemplo, mencionó el taller de participación juvenil que existía en noveno grado, eliminado —según sostuvo— por el retroceso educativo actual, y que era un espacio clave para abordar estos temas.
“El aprendizaje emocional no solo se enseña, se vive”, afirmó. En ese marco, resaltó la importancia de generar climas institucionales saludables, con reglas de convivencia elaboradas junto a estudiantes y docentes, y con participación real de los distintos actores educativos. Reconoció que muchos maestros y profesores ya trabajan la educación emocional a través de películas, libros o dinámicas específicas, pero advirtió que esto no ocurre en todos los centros, lo que genera desigualdades.
Por ese motivo, Silva defendió la necesidad de una ley que establezca la educación emocional como política pública y que modifique la actual Ley de Educación, la cual —según señaló— no menciona ni contempla las emociones como eje transversal.
Finalmente, sostuvo que la educación, y en particular la educación emocional, es una herramienta clave para la inclusión social, la mejora de la convivencia y, a largo plazo, la reducción de los índices delictivos. “No se trata de reprimir emociones como la ira o la frustración, sino de aprender a administrarlas para relacionarnos mejor con los demás”, explicó. En ese sentido, remarcó que si bien algunas personas desarrollan estas habilidades de forma natural, muchas otras necesitan aprenderlas, y ahí radica el rol fundamental de la educación emocional.
Con ese objetivo, Silva recordó que presentó un proyecto de ley para promover el debate parlamentario y establecer una hoja de ruta que permita avanzar en la incorporación formal de la educación emocional en el sistema educativo uruguayo.
SERÁN JORNADAS AGOBIANTES
